Nuestro país en el contexto americano aparece como una rara excepción en tanto intenta, aunque no siempre con éxito y por un lapso de veinte años, establecer un orden nuevo que reemplace el desaparecido orden colonial. A los pocos meses de instalada la primera junta de gobierno, José Miguel Carrera asumió el control político – con respaldo militar – promoviendo una organización constitucional que, dadas las circunstancias de la época no tuvo aceptación ni fue acotada. Desde ese reglamento constitucional de 1811 hasta la promulgación de la constitución de 1833 hubo una serie de intentos fallidos.
Estando los grupos dirigentes de la época de acuerdo en lo general, hubo dificultades para ponerse de acuerdo al camino a seguir. Con el golpe de Carrera, las posiciones de los criollos empezaron a decantarse en dos grandes tendencias: Una que seguía fiel al rey de España, que rápidamente se convirtió en minoría, otra, partidaria de la autonomía pura y simple, que pasó a convertirse en mayoría.
Dentro de este segundo grupo es donde empiezan las discrepancias más serías, pues la componen hombres de fuertes personalidades que, además, cuentan con fuerzas militares.
Hombres como José Miguel Carrera, Bernardo O’Higgins, Juan Martín de Rozas, Gaspar Marín, Ramón Freire y otros, disputan el poder dándole a la época caracteres anárquicos de establecer una organización razonable.
El ser humano, no sólo quiere progresar él, sino también quiere ver cambios en su nación.
El hombre lucha por su independizarse y hacer surgir a su país, el cual se va desarrollando poco a poco.
En conclusión el hombre no descansa hasta observar cambios en su realidad y en la de su pueblo.